Empiezo por aquí
Hay cosas que canto antes de saber explicarlas. Y hay cosas que, después de cantarlas, necesitan convertirse también en palabra, en movimiento, en acción.
Llevo muchos años expresándome a través de canciones que no eran mías y, aun así, con algunas sentía como si hablaran de mí, de lo que me estaba ocurriendo en ese momento.
La música ha sido para mí un camino, un refugio, una forma de estar en el mundo, un medio para poder nombrar lo que, de otra manera, sería abstracto, y para reconocer las emociones que me acompañaban mientras cantaba.
Hubo un momento en mi trayectoria como artista en el que sentí el anhelo de hacer mis propias canciones para darle forma a las melodías y palabras que resonaban en mi mente. Fue un descubrimiento fascinante. Le di espacio y voz a lo que había ahí adentro, a cosas que estaban muy, pero que muy escondidas, que ni siquiera sabía que existían y que, a través del canto, salían con una fuerza y una verdad arrolladoras. A veces me sorprendía para bien, otras me daban un poco de susto, porque no sabía hasta dónde me iba a llevar ese descubrimiento. Desde ese momento, tomé verdadera consciencia de que la música es lo que me salva y me sana, lo que me deja libre, lo que quita interferencias al flujo de lo que necesita salir, lo que me permite ponerle luz a aquello que quedó atrapado, y lo que me ayuda a poder reconciliarme con las partes más dolorosas que se pueden experimentar en este camino de vida.

Comencé, entonces, a crear mis propias canciones, basándome en mis sentires más profundos, recordando a mis seres queridos, reconociendo los momentos de tristeza y dándoles un espacio para habitar. Porque sé, por experiencia, que todo lo que no se mueve, lo que no se dice, lo que no tiene un cierre real queda atrapado dentro de nosotros. A veces, tan oculto, tan en el inconsciente que pensamos que ya está solucionado, pero pasan los años y algo hace que se disparen los resortes y nos damos cuenta de que aquello que creíamos haber superado sigue sin ser escuchado. Y entonces, el cuerpo se resiente, está en constante alerta, en tensión, y la mente queriendo controlar todo, buscando las grietas, los defectos, las carencias,…y se vuelve un estado muy incómodo y difícil de sostener.
Por eso, la música es mi salvavidas, mi mayor cómplice, mi espejo. Es imposible huir de ella, pues sabe toda mi verdad y la saca a relucir en cada nota que doy. Es como una lupa, que aumenta lo que estoy sintiendo para facilitar el movimiento de las cosas y para que pueda verlo todo con mayor claridad.
Es tan sabia la música que, aunque me aparte de ella durante tiempo, sigue estando ahí cuando vuelvo, esperándome y recordándome lo valiosa que es.
Hubo un largo período de mi vida que me aparté de ella, no quería tenerla cerca, porque mi voz estaba cerrada, temblaba, se quebraba cuando cantaba y, con el tiempo también lo hacía cuando hablaba. Sentía que cantar era también exponerme demasiado. Mostrar la voz era mostrar algo muy vulnerable de mí. Me generaba frustración, miedo y mucha vergüenza. Así que, como era tan incómodo para mí cantar, pensé que no era lo mío, que yo no servía para eso, que mi camino debía ser otro. Y muy curiosamente, siempre, en esos momentos, había alguien que me escuchaba cantar, apreciaba mi voz y me elogiaba por ello. La vida me fue llevando una y otra vez hacia ahí: hacia la voz, hacia el escenario, hacia el encuentro con los demás a través de lo que expreso cantando.
Esa contradicción en mí de pensar que no puedo cantar, que mi voz no es bonita, junto con la respuesta que tenía del exterior me hicieron replantearme que, quizás, no estaba pudiendo ver las cosas con perspectiva, ni claridad. Es por ello, que continué un camino de búsqueda a través de la voz.

Me apunté a grupos de meditación a través del canto, sanación de voz activando los chackras, hice terapia para reconciliarme con ella, trabajé en grupos de canto improvisado, y un sinfín de cosas más que probé con el deseo de profundizar y aceptar mi voz. Me hizo bien ese proceso, pues fui atravesando capas muy internas y conociéndome más, y esto me ayudó a tener más confianza y a mejorar mi autoestima.
He de decir que aún sigo en el proceso, y me parece a mí que esto es un camino de vida que va para largo. Un proceso en el que a veces me siento como una diosa capaz de salir al mundo y exponerme; y otras, me siento como una oruga incapaz de asomar ni siquiera la cabeza.
Es gracias al humor y a todas las personas que me acompañan y alientan que he continuado intentándolo, aún con todo el caos que pueda sentir internamente.
Lo que me da certeza es que, a través de la música he podido emocionar, acompañar, jugar, compartir alegría y también abrir espacios más íntimos y profundos. En los conciertos, en un rato de estar con amigas, teniendo un encuentro romántico,... cantar desde donde lo hago cambia la energía y genera una bonita respuesta. Por eso, creo canciones, para creer en mí, y poder transmitir un poco de la luz que acompaña mi alma.
Y más que crearlas, sería más adecuado decir que las “alumbro”, pues no siento que vengan de mi mente, no siento que las haga yo, sino que llegan a mí como un regalo y es un regalo que debe ser compartido con el mundo, pues ese es mi propósito.
Ahora sé que la música es lo que me da más sentido y que puede hacerme cambiar de estado. Por eso, me identifico con la frase de William James que dice “El pájaro no canta porque sea feliz, es feliz porque canta”. Y eso soy yo, un pajarillo que sin su canto se apagaría.

Este blog nace con el deseo de compartir-me más allá de mi música, de crear un espacio íntimo, de cuna, de arrope, donde poder ofrecer no sólo canciones, sino todo lo que las rodea, lo que las inspira, lo que les duele, lo que les da alegría, lo que las transforma. Lo que no cabe del todo en una melodía, pero sí en un texto. Un espacio donde hablar de emoción, de procesos, de creatividad, de verdad, de sensibilidad y de todo eso que nos atraviesa por dentro, aunque muchas veces no sepamos nombrarlo.
No sé exactamente todas las formas que irá tomando este blog, y eso también me gusta. Quiero darme permiso de descubrirlo poco a poco. Habrá reflexiones, seguramente pedacitos de procesos creativos, pensamientos sobre canciones, emociones que necesiten palabras, quizás preguntas, quizás silencios. Y todo lo que aparezca aquí tendrá un hilo común: estará escrito desde un lugar real.
No escribo porque tenga todas las respuestas, son las preguntas las que necesitan ser expresadas.
Empiezo este blog con la misma intención con la que nacen mis canciones: la de compartir algo verdadero que pueda tocar a quien esté al otro lado.
Gracias por leerme. Gracias por estar aquí. Ojalá mientras lo hayas hecho, también te hayas sentido reflejada en algún aspecto y te sientas acompañada.
Un fuerte abrazo en Sol Mayor.
Empiezo por aquí.
Eugenia Cabrera